Buenos días, Jordi,
Por hacer una descripción fisiológica de lo que también sucede en la cabeza de muchos y muchas personas, procederé a describir los síntomas:
- sensación de hartazgo,
- vientre revuelto,
- arcadas recurrentes,
- pocas de ganas de escuchar lo que se nos dice desde los noticiarios y los púlpitos (sagrados o laicos).
No se trata de gastroenteritis, ni cefaleas, ni gripe.

Sencillamente, ¡no me apetece seguir oyendo, ni escuchando, la sarta de sandeces que cualquier ‘líder’ político está diciendo a lo largo de las últimas y de las próximas semanas!.
No hay nada nuevo bajo el cielo.
No tienen el mínimo pudor, y siguen sin reconocer los unos y los otros, que No tienen nada que ofrecer.
No se trata de un problema generacional, sino de falta de referentes que merezcan una mínima credibilidad, y que a su vez provengan de una trayectoria honrada, comprometida, sensata y rigurosa en su hacer cotidiano.
Nadie a estas alturas puede decir que con él, todo va a cambiar (al menos no para bien). El centro de las decisiones se ha trasladado hace mucho a consejos de administración. Los lobbis, creados por esos mismos consejos de administración, tratan de influir y condicionar el marco legal y de actuación que desde los parlamentos se trata agónicamente por encauzar.

Hay que ser valientes. Tenemos que pararles los pies. Los parásitos que se han incrustado como lapas a las estructuras de participación y representación, han convertido los partidos políticos, en una comunidad de intereses individuales, que lejos de velar por el bienestar del ciudadano, se han aferrado a los tentáculos de su propia supervivencia, navegando de espaldas, y sin capacidad de ver la profundidad del océano de desesperación en el que viven tantas personas.
Por hacer un ejercicio de funambulismo electoral, … ¿cómo interpretaría el CIS, o los responsables electorales de los partidos, si lejos del número de votos alcanzados por ningún partido político, el voto en blanco fuera el más alto; lejos incluso de los resultados de quienes ya todos dan como vencedor. ¿Realmente se seguirían sintiendo vencedores? ¿Alguien se sentiría legitimado para formar gobierno?
Votemos con el corazón, y la mente, no con el rencor, ni el revanchismo.
Y si lo que queremos es que la política sea blanca y limpia, que lo sea también nuestro voto.
A fin de cuentas, si no está en sus manos la solución; ¿Qué importa que se vuelvan a convocar elecciones otra vez, cerrado el periodo de creación de gobierno, sin hacerse efectivo? ¿Tal vez podrían plantear claramente los cambios constitucionales necesarios y que la ciudadanía decidiese cómo quiere vivir y quien quiere que les represente?.
K-tarsis.