
No son tablas. Las figuras han cambiado de ‘rol’, el alfil se desliza con los movimientos de la torre, la torre, da saltos intermitentes, el cabal
lo avanza de cuadrícula en cuadrícula, el peón no tiene quien le mande, la reina se fugó con un holgazán, y el rey, escamoteado, se refugia en su castillo de naipes.

Alguien ha equivocado el juego.
Rafael Blasco, sube y baja en
horizontal y vertical, cuando lo suyo es en diagonal; El señor Cotino, da saltos intermitentes entre intermitentes conselleries, arrastrando el largo lastre familiar y contractual; Don Vicente Rambla, arrambla de paso en paso, poco a poco, sin dejar de mirar hacia atrás, porque Don Esteban Gonzáles Pons, se ha fugado hacia Madrid, y el Molt Honorable, se entretiene en el desván del Palau de la Generalitat, o ¿será más bien un castillo de fuegos artificiales de Caballer.?.
La institución perdió su dignidad, y en vez de representar a l@s valencian@s, solo nos representa que quebraderos de cabeza, déficit, mala gestión, amiguismos, maletines danzarines, cinturones de marca, jueces sin conciencia, y un gran corte de mangas de todo e
l pueblo a sus “representantes”.

La institución perdió su dignidad, y en vez de representar a l@s valencian@s, solo nos representa que quebraderos de cabeza, déficit, mala gestión, amiguismos, maletines danzarines, cinturones de marca, jueces sin conciencia, y un gran corte de mangas de todo e

“Para este viaje, sobraban alforjas, querido Sancho…”. Dulcinea era un sueño, y el sueño, pesadilla.
Buenas tardes, y pasaremos al parchís …