

Seguramente, no saldrán todos los que están, ni serán todos los que salgan.
Pero, ni lo uno, ni lo contrario, satisfacen al común de los ciudadanos, que van todos los días a su trabajo (si lo mantienen), o a la búsqueda del empleo perdido o todavía no encontrado.
No es lícito, ni ético el que algunos individuos se beneficien de la manera más vil a la inocente sociedad. Es una violación de las normas más elementales del estatus cívico y del estado de derecho.
Servirse de las instituciones para embolsarse indignamente dinero, favores, … o apear a la competencia, adjudicándose contratos públicos, a pesar de ser peores, más caros, o simplemente, obviando cualquier procedimiento legal que garantice unos mínimos de transparencia, claridad, y luz; es mucho más grave que un ladrón tironero, un quinqui muerto de hambre, o incluso un asaltante de bancos.

Y es que a veces las formas, son tan o más importantes que el fondo. Y esta especie de

Nos han robado y enriquecido de tod@s nosotr@s. Han chupado de nuestras venas y arterias, como vampiros sedientos, que más allá de aplacar su hambre, derraman impúdicamente nuestra sangre, celebrando cuan ‘lelos’ están quienes se dejan, o no se enteran, que les sangran, que les arrebatan la vida y la esperanza. Esa esperanza en la raza humana, que es lo poco que nos da un pequeño anhelo para seguir adelante, para confiar en que dejamos un mundo un poco mejor del que recibimos para nuestros descendientes.

No se trata de ninguna maniobra de nadie, simplemente, después de pavonearse y pasearse por las narices de las instituciones garantes del ‘estado de derecho’, además de un paro, también han levantado una ceja, y están haciendo su trabajo. O es que mal si ando, y mal si no ando. Y es que la justicia, para serlo, tiene que ser ecuánime, objetiva, diligente, rápida, y con los medios humanos y técnicos que nos permitan a todos dormir tranquilos, al saber que otros velan por nuestro bienestar. ( y nuestros bolsillos).