Somos muchos los que nos negamos de pequeños a responder mimética y memorísticamente a las preguntas del ‘catecismo’, sencillamente, porque preferíamos el valor de la historia, del porqué y del cómo, en vez de las respuestas fáciles y simplificadores de una memoria prodigiosa que respondiera como papagayos a las preguntas o estímulos del de enfrente.
Desgraciadamente, sigue siendo este método memorístico el que predomina en el acceso a la administración. No se plantean fórmulas que razonen planteamientos, y los defiendan, aunque se demuestren equivocados.

El uso de la razón, frente al uso del asentimiento, del credo, de la doctrina, o del ‘señor’.
Como seres libres, decidimos pensar por nosotros mismos, abandonando yugos innecesarios que lastren nuestra decisión y nuestra respuesta ante lo nuevo, lo desconocido, sea ello amenazas u oportunidades.
Un gran sector de nuestra sociedad mantiene lastrada dos notas: la primera es la respuesta doctrinal, que responde como un estímulo a una acción, pero sin reflexión. Y la segunda, el uso de la memoria, como un volcado sin criba, sin orden, solo recreado fuera de sí, pero sin saber bien si se trata de una erupción, o un vómito. O si lo prefieres, vomitan un temario aprendido, que no entendido.

Aunque el resultado pueda parecer similar. Tod@s sabemos que no son lo mismo.
Un fuerte abrazo, y a seguir pensando