
En esta pequeña batalla entre frentes, como si de un juego infantil se tratase, han quedado al descubierto algunas vergüenzas en ambos frentes.
De un lado la antigua cuna de la cultura Occidental, ha sufrido de su aislamiento geo-estratégico, con el resto de mercados principales. Esa falta de cercanía ha impedido un mayor control en las transacciones entre la Europa continental, y esta península del Egeo.
Por otro lado, Europa se ha manifestado ‘timorata’ y sin los engranajes y forceps necesarios para evitar un desgarro de su tejido económico. Acuerdos a dos bandas, multilateralmente adoptados. Mezquindad entre los socios, y falta de ‘gobierno’.
Como dice el refrán … “on no hi ha cap, tot son cues.” (donde no hay cabeza, todo son colas).
No solo con un banco coordinador, ni con ‘der comisaire’ al uso, se puede hacer frente a una situación de crisis.
Se hace necesario saltar por encima de reticencias soberanistas mal entendidas, y crecer como ciudadanos europeos, con ‘todo’ lo que ello pueda acarrear.

Una Europa, en vez de decenas. Y una zona de influencia


Falta orgullo y autoestima de ciudadanía.