
Cada semana, los jueves, eran una sorpresa. Cada jueves la pizza era diferente, y no por ello, menos sabrosa.
Los elementos que conforman una sociedad o una pizza, son los que son, y cambian según el momento histórico que vivamos; pero tiene que existir un elemento común y vertebrador, como es el caso de la ‘pasta’, que nos venía ya regulada o reglada del horno, pero que había que aplicarle ese saber hacer para que tomase cuerpo, que esponjase, que quedara crujiente y fina al pasarla por el horno.
La comunidad de naciones es tal vez el horno, pero nada, ni nadie tiene en la actualidad la receta justa para mesurar la cantidad de harina y ‘rent’ que sirva de escenario, para que cuaje toda la variedad de pueblos, ideas, pensamientos, culturas,… que hagan que sea un manjar digno de un festín de despedida. Aunque esta despedida, solo fuera hasta el domingo siguiente, alrededor de una pacífica y acogedora mesa de estudiantes, sin muchos recursos, y con
más imaginación e ilusión, que medios.

Desde esa escasez material crecimos, nos formamos, y hemos ido formando nuestras vidas. Ni mejores, ni peores, que las de otros. Simplemente las nuestras y particulares vidas. Distintas, variadas, sencillas, pero con la ilusión por bandera.
Un abrazo, y provecho.
Un abrazo, y provecho.